Anecdotario
Por PORTELA
Don Octavio Rodríguez, fundador y promotor del Club A. Octavio de Balonmano fue bautizado por mi parte como el “Viejo” y conocido cariñosamente por el mismo nombre, por toda la aficíón.Mis jugadores me llamaban “el maestro”, a Santi “el buitre” … recuerdo un día en Bilbao, en dónde nos jugábamos un partido de ascenso a la División de Honor. El “Viejo” se pasó toda la noche corrigiendo ejercicios y fumando, para que los chicos no saliesen del hotel, pues estos ya habáin sobornado al conserje (Santi, Paco, Arizaga, Chicho, Davila, …)El “Viejo” tenía pánico al avión. Y un día en San Salvador del Valle se nos lesionó Lucho, quedando de un balonazo en la frente en estado de coma. Pues era todo un número hacerlo regresar en avión con el lesionado. Entonces no se cuantas pastillas se tomó que hasta hablaba solo, era también para nosotros como un padre.Otro día fue Mateo quién sufrió una lesión de traquea en Burgos y pretendían operarlo. El estaba medio consciente y oía lo que hablaban los médicos y aunque sabía que la operación no era acertada no podía hablar. Así que reaccionó tirando la camilla del quirófano e incluso a la monja que lo atendía; rompió la ventana y se tiró al jardín ¡Menudo lío en que metió al “Viejo”
Por JUAN LUIS
En los desplazamientos, que hacíamos casi siempre en tres taxis, uno de los chóferes llamado Carlos, como padecía cólicos de vesícula, se encargaba de inyectarme para poder soportar el dolor, finalmente me operé y estoy bien.En los entrenamientos en general había puntualidad por parte de todos los jugadores, pero había uno que siempre llegaba tarde, siempre era el mismo, mucha paciencia tenía que tener con él, era el que me traía por la calle de la amargura, era “zurdo Chicho”. En una de las ocasiones, ya cansado de que llegara tarde le pregunté que sucedía para llegar siempre tarde y me contestó “Mister tengo muy mala suerte los días de entrenamiento, siempre se me pinchan las ruedas del coche”.
Otra de las cosas que recuerdo era que antes de los partidos, cantábamos nuestro himno que era: “Duerme, duerme negrito, que tu mama está en el campo….”
En otra ocasión regresando en avión a Santiago, llovía torrencialmente y después de seis veces que se intentó tomar tierra y todo el mundo estaba tenso, el cenizo de Arizaga, en medio de un gran silencio, dijo: “El Comandante de la nave informa que todos los pasajeros, por favor, pongan sus carnets de identidad entre los dientes”. Suponerse la gracia que nos hizo a todos los que íbamos en el avión.Pero lo que más me enfadó, fue la que me hicieron varios jugadores, cuyo promotor era “Paquiño de la Playa” cuando una noche, que no estábamos en casa mi mujer y yo, se llevaron del balcón la jaula con un canario que le llamábamos “Sansón” y no me lo devolvieron hasta unos días después, enterándome de que fueron ellos por las bromas de D. Octavio y los jugadores tenían al comienzo y final de los entrenamientos.Aunque la que más me puso de “mala uva” fue la que me hizo el “Capitán Araña” (Santy), cuando en un viaje regresando de Lugo, primero me escondieron y después terminaron por comérselo, un salchichón que había comprado para Maribel, mi esposa.Por último tengo que confesar que cuando por asuntos de mi profesión tuve que residir durante unos años en Santiago de Chile, en el momento de despedida el citado Capitán Araña, en desagravio y con mucho cariño por todos me regaló el salchichón que se había comido a mi cuenta
Por ARIZAGA
Llegamos a hacer el himno del equipo en los desplazamientos, sacado de una cinta que unos de los taxistas, al no tener otra, nos ponía en la radio de su coche en todos los viajes. Entramos a cenar en un restaurante por la puerta principal y al quedarnos solos con el dueño, este bajó las persianas de la puerta abriéndonos una pequeña lateral para salir. Nuestro Presidente estaba empeñado, y nosotros todos detrás, de salir por la puerta principal y venga a levantar persianas y persianas hasta que el dueño nos dijo por donde debíamos salir. El primer gesto fue de sorpresa, y seguidamente rompimos a reir de tal forma que D. Octavio llorando de risa y sentado en la acera, estuvo durante unos diez minutos.
En este mismo restaurante a nuestro Presidente le cayó una moneda al suelo de 50.-ptas., y después de que todo el quipo la buscó sin éxito, apareció al rato un camarero viniendo por detrás se apoyo con su codo en el hombro del “Viejo” diciéndole: Ya apareció la moneda, es increible a donde fue a parar. A lo que D. Octavio viéndole con el entrecejo fruncido por encima del hombro le dijo: “Oiga, sabe Ud. quién soy yo, ¿por qué no se va a apoyar en el hombro de su prima?” Rompimos todos a reir, y había que ver la cara de aquel hombre yéndose de la mesa.
Cuando Cruces se trajeó y emperifolló a las tres de la madrugada, disponiéndose a salir a dar una vuelta. Lo que no contaba era que el Presidente estaba abajo, y al preguntarle éste ¿A dónde va Ud.?, el jugador contestó que iba a echar una carta.
Después de cenar en Puebla de Sanabria y dirigiéndonos hacia los taxis, el dueño se dio cuenta de que le faltaban los ceniceros de la barra, los cuales eran muy artísticos en forma de toro. El “Viejo” , como no, llamó al de siempre, Arizaga. Pero la pega era que el “Ginesito”, Davila, se le había ocurrido coger otro, total que hubo que desabrocharse la petrina, era donde estaban guardados y tanto Arizaga como Davila devolvieron los ceniceros. Todavía al dueño le faltaba otro más, pero como nosotros no lo teníamos nos dejó marchar. Al ir saliendo del restaurante, un borracho que había visto todo, se le acercó a Arizaga, le metió el cenicero en la mano y le dijo: “poñeo a mexar o chegar a Gudiña”
Cuando jugábamos grandes partidas de cartas en el taxi, teníamos que rotar de vez en cuando, ya que el que iba en el asiento delantero acababa con tortícolis. De lo compenetrados que estábamos para dormir, los del asiento trasero cambiábamos de posición todos a la vez, para no molestarnos y hacerlo más comodamente.
Las grandes mariscadas en Requejo: Habitualmente salíamos de Vigo a las 15 horas y llegábamos a Requejo a las 20 horas, En el viaje procurábamos colocarnos en la cola para que no se advirtiera la parada y al llegar a “Mi casa”, así se llamaba el bar, Mateo sacaba las centollas, los bueyes y a comer. Después había que comer los chorizos al vino que eran la especialidad de la casa. Pero lo peor era que dos horas más tarde había que sentarse a la mesa con todo el equipo, y había que cenar para que el “Viejo” no se diera cuenta de la jugada.
Imagínense como íbamos con la barriga pronunciadita para cama. Pero al día siguiente ¡ a ganar ! Contra unos que a lo mejor habían cenado deportivamente. De cuando “Ginesito” Davila llegó a jugar a Santander en taxi desde Vigo. El chorro del “Viejo” fue de época y acabó diciéndole si él se creía que era Cruiff para viajar de esa manera. Hubo pitorreo de todo el equipo con Davila durante varios meses,
El secuestro de Sansón: Después de una copiosa cena en el “Junquera” que había finalizado a las 5 de la madrugada, decidimos hacer una gamberrada. Expuestas todas las ideas, oincidimos en un secuestro, y éste fue el de Sansón, pájaro prefereido de Maribel de Fernández. Como no disponíamos de una escalera para subir al piso, hubo que hacer una torre humana y como no, de pedestal Mateo, encima de todo “El Chato” que era el que tenía las manos más delicadas del equipo” para recoger dulcemente al animalito. Trepó por el balcón y abriendo la jaula cogió a Sansón. A la mañana siguiente gran disgusto en la casa de los Sres. Fernández con llamadas a Hospìtales, Policía, Correccional de Menores, etc….Al final el tal Sansón volvió a su jaula y….. Como en los cuentos.
Del plante de postre en el Restaurante 333 de Burgos. Era costumbre que el equipo, ya de regreso, parase a almorzar no solo por la comida, sino también por el exquisito postre que era especialidad de la casa, el famoso “pijama”. Pero he aquí que se había perdido el partido y el “Viejo” con voz autoritaria dijo: “No hay pijama para nadie”. Estábamos en dos mesas y en una de ellas acordaron no tomar ni esa, ni siquiera otra clase de postre. Pero resulta que entre los postres que se podían comer había arroz con leche, que era una de las debilidades de Chicho, y este estaba en la mesa de los sediciosos. Total que Chicho decía: “Pero yo quería comer arroz con leche”. A lo que le contestaron los cabecillas: “Tú estás en esta mesa y no tomamos postre, así que siéntate y jódete” . A todo el “Viejo” disfrutaba como nunca, porque entre otras cosas la comida le habías salido más barata.
De cuando en un entrenamiento estando en una serie de sprints, nos pusimos todos de acuero para salir andando moviendo la cintura a ritmo de marcha atlética. El entrenador, Juan Luis, se pilló un cabreo fenomenal y se fue al vestuario suspendiendo el entenamiento. Nos quedamos todos viendo unos a los otros, y nos dirigimos al vestuario para pedirle disculpas, y después de “no seas tonto Juan. Parece mentira en ti, No lo hicimos por mal, etc…..”. Y nuestra sorpresa fue a continuación cuando con una sonora carcajada nos dice: ” Me queríais joder, eh”.
Debutando en la División de Honor en Pamplona, jugando con el San Antonio, perdíamos 19-1 en la primera parte y el gol lo había marcado Andrés, rodeado de la mejor ovación del partido. Bronca en el descanso y empatamos la segunda parte.
En 1975 cuando jugamos la final de 1ª Nacional en Cuenca, llegamos en taxis a las cuatro de la madrugada sin entrenador por encontrarse enfermo. Cuando nos presentamos en el Pabellón ya estaba nuestro rival el Vallermoso en fase de calentamiento, todos los jugadores impecablemente uniformados, y nosotros uno con una camiseta de felpa, otro con la parte de arriba del chandal distinta a la de abajo, otro con el número de la camiseta pegado con esparadrapo, y haciendo Prego de entrenador en la primera parte, y Arizaga en la segunda. Le ganamos la Final de ese Campeonato de España a los elegantes jugadores madrileños. El entrenador rival se quedó sentado en el banquillo un buen rato con la mirada extraviada, como no creyéndose lo que había visto
Por Santy
Aquella famosa gorra de Juan Luis (el supersticioso), que me la regaló en el ascenso de Cuenca, y que se la retorné juntamente con el salchichón en su despedida a Chile.
También de Juan recuerdo aquella palabra internacional que conseguimos introducir en nuestro entorno, pido disculpas por la traducción: “Guididova gushisehva”, así como aquel streap-tease, en Zaragoza.
De Moncho podríamos reseñar en el viaje a Malaga, cuando nos paró la policiía de tráfico, y le hicieron soplar. De los viajes son numerosos los recuerdos que nos quedaron, es difícil olvidarse de los tres mosqueteros (Davila, Carlos y Manolo) con los cuales hemos dado numerosas veces la vuelta a España, y como circunstancia especial, es que en toda la historia del Club nunca tuvimos un accidente.
Son famosas las charlas que se mantenían en el autobús (Empresa Lucas), pero la de mayor duración fue una de Magdalena y el “Viejo” que duró desde Porriño a Gijón, y de Gijón a Vigo.
En uno de los viajes en el aeropuerto de Madrid, mientras el “Viejo” iba a tramitar los billetes, nos fuimos a comer, y pedimos todos tortilla de angulas, cuando le dieron la cuenta a Juan Luis este cogió tal cabreo que no nos habló hasta el entrenamiento del martes, y todo porque como explicárselo a Octavio

